21 marzo 2014
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21 marzo 2014,
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Para ayudarte en la decisión, te ofrecemos, de forma esquemática, clara y sencilla,  los puntos clave de cada una de las opciones. Solo tendrás que elegir la que más te conviene.

En primer lugar, es importante tener en cuenta que los criterios para elegir entre una u otra opción son variados. Los más importantes son:

1. Numero de promotores

No es conocido por todas las personas que deciden poner en marcha un proyecto empresarial que, tanto una SL como una SA, pueden constituirse como Unipersonales.

Este no es, por tanto, un criterio que marque la diferencia, pero que sí es importante conocer para no establecerse como autónomo si, en realidad, lo que te conviene es una SL.

Es habitual que muchos emprendedores piensen que “como soy yo solo, me tengo que establecer como autónomo”. Esto no es así ni tiene por qué ser la mejor opción.

 

2. Capital inicial y proceso de constitución

Estos conceptos se refieren al montante económico que se exige legalmente para constituir una u otra forma jurídica, así como los trámites legales exigidos para dicha constitución.

Veremos que la principal diferencia es económica.

3. Responsabilidad patrimonial

Es el elemento que determina hasta donde alcanza la responsabilidad del promotor o dueño de la empresa.

Dicha responsabilidad es diferente en uno u otro caso.

4. Tipo de actividad

La actividad económica que vaya a desempeñar la empresa es otro criterio determinante marcado, fundamentalmente, por la legislación sobre la materia y que puede limitar la elección.

En este sentido, existen normas que establecen que, por ejemplo, en el caso de una oficina de farmacia, ésta no puede estar a nombre de una S.L.; o en el caso de una agencia de viajes, que debe ser, necesariamente, una sociedad mercantil.

 

5. Gastos de gestión

Todas las sociedades tienen la obligación de llevar una Contabilidad, así como de presentar, en el Registro Mercantil, sus Cuentas Anuales, lo que supondrá, normalmente, unos mayores costes de asesoría y gestión.

 

6. Tributación

Las personas físicas tributan en el IRPF (caso de los autónomos), mientras que las sociedades lo hacen a través del Impuesto sobre Sociedades (caso de las SLU ó SAU).

Veremos cómo hay importantes diferencias y como este puede ser un criterio determinante en función de los ingresos obtenidos con la actividad.

7. Retribución del socio trabajador

En las sociedades unipersonales, el administrador puede recibir una nómina como socio trabajador. Esto constituye, a todos los efectos, un gasto deducible por la sociedad.

Es, por tanto, una importante ventaja respecto al autónomo, en donde no es posible esta opción.

Una vez que conoces los puntos clave que has de tener en consideración a la hora de elegir la forma jurídica de la empresa, pasamos a analizarlos con más detalle, con datos concretos, y que te ayudarán a valorar los pros y contras de cada uno de ellos.

En él, analizamos algunos de los aspectos más importantes a tener en cuenta a la hora de elegir la forma jurídica para constituir tu empresa.

Pasamos, sin más dilación, a analizar con más detalle cada uno de ellos.

Las dos opciones objeto de análisis son:

-  Constituirse como empresario individual (autónomo)

-  Constituirse como Sociedad Limitada Unipersonal

Como punto de partida en el análisis, comenzamos por señalar las principales diferencias a través del siguiente cuadro:

cuadro1 def

 

En el cuadro que mostramos a continuación, profundizamos en las diferencias existentes en relación a dos cuestiones:

- El propio proceso de constitución

- Los gastos asociados al proceso de constitución

 

500-600 €

 

A la vista de lo expuesto, si tu principal prioridad es el ahorro en costes y trámites, la mejor opción en este primer momento es darte de alta como autónomo.

En un momento posterior, si el negocio se consolida y empieza a generar beneficios altos que impliquen tributar más por el IRPF que por el Impuesto de Sociedades (que después veremos), siempre cabe la posibilidad de constituirse en Sociedad.

 

 

Trámites de gestión

Una vez que ya has iniciado la actividad, vienen los trámites de gestión.

En ambos casos, serán diferentes tanto los trámites que se derivan de dicha gestión como la propia tributación.

Te lo mostramos en el siguiente cuadro:

 

Tratamiento Fiscal

En el tratamiento fiscal es donde se produce una de las grandes diferencias.

Un autónomo tributa, como ya hemos señalado, a través del IRPF. Este empieza en un tipo nominal del 21% y que puede llegar hasta el 47%. Se trata de un impuesto progresivo.

En el caso de una sociedad mercantil, su tributación se produce a través del Impuesto de Sociedades, aplicando un tipo del 30%, con carácter general (25% en el caso de empresas de reducida dimensión, hasta los 300.000 euros de base imponible; o 20%, en el caso de que se cumplan determinadas condiciones).

Vemos como la principal desventaja para el autónomo se produce a medida que sus ingresos aumentan ya que, como consecuencia del carácter progresivo del IRPF, su tributación se disparará.

En estos casos, es más beneficios el régimen tributario de Sociedades, en la medida en que, independientemente de lo que aumenten los ingresos, siempre se tributará a un tipo fijo.

 Vamos a verlo con un ejemplo:

Un autónomo y una sociedad han obtenido en el ejercicio un beneficio de 50.000 euros.

¿Cuánto tributa cada uno?

El primero tributará al 37% (en estimación directa), ya que por sus rendimientos se situaría en el tercer tramo del IRPF.

El segundo, en cambio, lo hará al 30%, o incluso al 20% ó 25%, según los casos.

 

Contabilidad

A la hora de llevar las cuentas de tu negocio, también aparecen importantes diferencias entre una u otra opción, ya que a las sociedades se les exige la llevanza de una Contabilidad más exhaustiva (conforme al Plan General de Contabilidad), estando obligadas, además, a presentar sus Cuentas Anuales en el Registro Mercantil.

 

Esto no se exige a los autónomos que incluso, en el caso de tributar por Módulos en el IRPF, sólo tienen la obligación de llevar las facturas emitidas y recibidas.

Además, en el supuesto de disolución de la sociedad, será necesario realizar balances finales y el pago de los correspondientes impuestos y gastos en trámites.

No obstante, en cualquiera de los dos casos, si no eres un experto en el tema, lo más aconsejable será poner tu contabilidad en manos de una gestoría especializada.

En los dos casos supondrá un gasto, aunque mayor para la sociedad, por ser dicha gestión más compleja.

 

Contratación de trabajadores

No existen diferencias a la hora de la contratación de empleados.

Se produce habitualmente la creencia errónea de que, quien realiza una actividad en solitario, debe darse de alta como autónomo; mientras que quien quiera contratar, debe constituirse como empresa.

Pues bien, los autónomos también pueden contratar en las mismas condiciones que una empresa, y sin límite de trabajadores.

Lo que sí es cierto es que, dependiendo de las personas que vayas a tener en plantilla, quizás te convenga más ser una empresa (no por el número de empleados sino por el volumen de ingresos que, probablemente, tendrá tu actividad).

 

Responsabilidad patrimonial

Un aspecto muy importante a tener en cuenta es el de la responsabilidad patrimonial de la empresa, por ejemplo, en caso de deudas o impagos.

Los autónomos responden con todos sus bienes, estén vinculados éstos o no a la actividad empresarial. No hay propiamente diferenciación entre bienes particulares y empresariales.

En el caso de una sociedad, al tener personalidad jurídica propia, hay una separación entre los bienes de la empresa y los bienes particulares. Por ello, en caso de deudas, solo se iría contra el patrimonio de la empresa.

No obstante, esta última afirmación tiene, fundamentalmente, dos matices:

  • - Cuando se utilice la empresa unipersonal en fraude de ley o en perjuicio de terceros, el titular de las cuotas de capital y los administradores que hubiesen realizado, participado o facilitado los actos fraudulentos, responderán solidariamente por las obligaciones nacidas de tales actos y por los perjuicios causados.
  • - En la práctica, las entidades bancarias, a la hora de conceder préstamos a empresas sin historial ni solvencia demostrada, suelen incluir una cláusula en la que el empresario firma como administrador único y como avalista de la sociedad, por lo que esa “seguridad” de responder únicamente con los bienes de la sociedad desaparece.

Como has podido comprobar a la vista de lo expuesto, no existe una fórmula mejor que otra. Cada una tiene sus peculiaridades, sus pros y sus contras.

Por tanto, se trata de hacer una valoración y escoger la que más te beneficie y la que mejor se adapte a tu proyecto.

Además, como ya hemos adelantado, siempre cabe la posibilidad de modificar la forma jurídica de tu empresa, para adaptarla a las circunstancias que te convengan en un momento dado.

Ello, no obstante, será más fácil para pasar de autónomo a empresa (bastan realizar un par de trámites burocráticos), que de SL a autónomo (es necesario extinguir la actividad y liquidar la compañía a la hora de formalizar su cierre).

Fuente: www.educadictos.com

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